viernes, 25 de junio de 2010

Pulque

La mexicaneidad en su máxima expresión. Algo tan nuestro reflejado en la sociedad actual. La decoración es un kitsch de dibujos prehispánicos con colores pop. Gente de todo tipo. Bueno, no de todos (Los fresas quedan fuera. Aquí ellos son los “outkast”). Mayormente ves a grupos de chavos con una onda alterna, que me gusta mucho. Pero no falta la pareja secretaria burócrata/policía. O el viejillo que te vendió chicles en la mañana. Gente de todo tipo, con buen humor y pláticas acaloradas. De fondo, cumbia, tex-mex, canciones con sabrosura; la típica sabrosura de las pulquerías. En la rockola suena una canción de Paquita la del Barrio, ¡No podía faltar! (Es mi mero mole) No es nada del otro mundo como pensaría mi madre. El chico de bigote me sonríe de manera casual) No hay rincón que no esté pintado con motivos mexicanos. (¡Guau! Veo un flayer de un concierto de música Surf con 6 bandas que ni conozco, pero al que me encantaría ir) Maldita sea, ¿por qué no vivo aquí? Pienso en mi madre, que se quedo un poco molesta porque vine sin compañía. Hay pulques de todos colores, algunos indescifrables. Trato de imaginar de qué sabor es el pulque de color verde de la mesa de la entrada: ¿nopal?, ¿cilantro? Ninguno se me antoja. El mío es de color marfil, natural. El único que he probado, sin interés de probar otros. Me gusta así; agrio, viscoso. Frente a mí, uno rosa y otro color rompope con leche; detrás de ellos dos más color rompope y junto a estos, uno color jamaica intenso (Mientras escribo esto, el chico de bigote y portador de este, se acerca para regalarme una tarjeta de presentación, me dice que es tatuador y perforador, ¡qué conveniente!) Que pinta tendré, que se animó a acercarse. Vuelvo la mirada y me doy cuenta que él y su compañero de pulque color rompope desaparecieron. −¿de que será el pulque color magenta/jamaica?−. Otros tres chicos entran a la pulquería. ¡Más ripis contemporáneos! ¡Yeah! Me detengo a leer el letrero de los precios que dice:

Pulques “Las Duelistas”
Curado Blanco
Tarro $20.00 $12.00
Vaso 15.00 10.00
Cubeta 130.00 80.00
Litro 33.00 20.00
Campechana $110.00

Sabores de hoy
Avena Betabel Guayaba
Limón Apio

¡El verde es de apio! Problema resuelto, no más incógnitas sobre el sabor del pulque. Ahora ya los identifico, ya no me siento perdida. De a poco se empieza a llenar la pulquería. Dos chicas piden una cubeta verde y brindan. Qué hermoso es compartir estos ratos con amigos. Intercambio miradas con los pulqueros. Un ambiente de tranquilidad se respira en el lugar. No hay maldad, no hay prejuicios; solo buena vibra en el ambiente. ¡Qué equivocada estaba mi madre! Pensaba que de aquí iba a salir robada, manoseada y asustada. Por unos instantes le creí, pero mi valentía y un poco de rebeldía de mi parte me trajeron aquí sin compañía alguna, más que la de mi libreta. Ya había estado en una pulquería antes, pero siempre acompañada. (Mi tarro empieza a verse vacío) Creo que es la hora de cerrar este capítulo. No quiero, pero el mundo real me espera. Adiós, amigos entrañables que nunca tendré, y que la otra vida y el Universo nos reúna otra vez. Los quiero y los aprecio por compartir este momento tan íntimo conmigo (esto ya me pegó) Suspiro con melancolía; melancolía de pronto volvernos a encontrar. Te voy a extrañar, pulque delicioso, manjar de ocasiones especiales; ocasiones para disfrutar. Pido la cuenta. Me empino el último trago y me despido.

sábado, 8 de mayo de 2010

Son Amigos


Seis chicos cantan un folclor mexicano muy bonito. Él primero lo conozco, no sé de donde, yo me imagino que de capuera. Él no practica, pero se le ve la pinta de que de ahí lo conozco. (La canción se acaba) Él lleva una guitarrita que suena a Veracruz. A su lado, un chico normal. Ni feo ni guapo, ni mal vestido, ni bien vestido. Del tipo que pasa desapercibido si lo ves por la calle, pero que si lo llegas a conocer te enamora. (Los chicharrones me secan la boca) Junto a él, pero en la mesa contigua, una mezcla entre Café Tacvba y los jipis del centro. Lleva un pandero octagonal (Tardo unos segundos en contar los lados) (Por alguna razón evito emocionarme con las canciones, seguro es por pena, aparento ser extrovertida, y en realidad no me cuesta trabajo socializar con la gente. Hay muchas cosas que me dan pena) (Me duele el cuello) lo toca bastante bien y te mueve con su ritmo (Me gusta la palabra ritmo). Todos toman cerveza oscura, la cerveza de los conocedores, incluso los dos chicos que están a mi lado, que tratan de tener una conversación, pero se ven distraídos por la melodía de los músicos que hoy nos alegran el día. Todos en el bar estamos muy atentos a su música, deleitados, emocionados, felices. De uno a uno me miran con cara de amabilidad y extrañeza. Es extraño ver a una chica sola, tomando un litro de cerveza de barril oscura. (Un grupo de cuatro entra al bar. Ahora somos cuatro mesas contando la de los músicos) (Me gusta la complicidad de las letras, tienes que detenerte, observar, leer; dejar que cada una de ellas conforme la imagen completa. No son solo mirar y juzgar, tienes que esperar al punto final para poder crear un concepto. No es como mirar a alguien y pensar si es guapo o feo, o tocar algo y saber si es suave o áspero. Tienes que tomarte tu tiempo para dar un veredicto) Volviendo a los músicos, de vuelta en la mesa, un músico de folclor. Sí, así como te lo imaginas, con su sombrero de palma, bigote y piocha. (Estoy tan a gusto…) Cuando entré lo confundí con mi primo Amauri, sangre liviana, voz de cantante de peña, esas que te recuerdan al hogar, a la familia, a tu tierra. El “Pive” esta junto a él, toma su sombrero y lo porta orgulloso. No es parte del conjunto musical, pero viene con ellos y disfruta tanto o más de la música. Se le nota por que aplaude con frenesí el compás de la música. No estoy segura de que sea argentino, pero tiene pinta de sudamericano. (Me detengo un instante para pensar, disfrutar, pero esta vez para mí misma. ¡Me siento muy feliz! ) (Creo que ya estoy borracha, después de casi un litro de cerveza y nada en el estomago, creo que ya me emborraché) El “Pive” se acerca a mi y me dice: “Me dedico a las artes plásticas”. Y me enseña una serie de dibujos por si quiero comprarle alguno. (¡Oh decepción! No es ningún Pive, lo noto en seguida por su acento, o más bien, su falta de él) Todos son muy buenos, me gustan mucho. Estoy indecisa, así que se los pido prestados para pensarlo un rato más mientras escribo. Una canción con tintes melancólicos suena de fondo. El chico que creo conocerme dedica una estrofa, algo tierno, no estoy segura que cosa, ya no recuerdo, me puse nerviosa y se me olvidó. (Aquí no tienen miedo a mirar, me gusta eso, que te miren y no finjan que no lo están haciendo) (Me sudan las manos, sigo sudando por la coquetería que recibí).


Aqui las tarjetas que le compre al "Pive"