sábado, 8 de mayo de 2010

Son Amigos


Seis chicos cantan un folclor mexicano muy bonito. Él primero lo conozco, no sé de donde, yo me imagino que de capuera. Él no practica, pero se le ve la pinta de que de ahí lo conozco. (La canción se acaba) Él lleva una guitarrita que suena a Veracruz. A su lado, un chico normal. Ni feo ni guapo, ni mal vestido, ni bien vestido. Del tipo que pasa desapercibido si lo ves por la calle, pero que si lo llegas a conocer te enamora. (Los chicharrones me secan la boca) Junto a él, pero en la mesa contigua, una mezcla entre Café Tacvba y los jipis del centro. Lleva un pandero octagonal (Tardo unos segundos en contar los lados) (Por alguna razón evito emocionarme con las canciones, seguro es por pena, aparento ser extrovertida, y en realidad no me cuesta trabajo socializar con la gente. Hay muchas cosas que me dan pena) (Me duele el cuello) lo toca bastante bien y te mueve con su ritmo (Me gusta la palabra ritmo). Todos toman cerveza oscura, la cerveza de los conocedores, incluso los dos chicos que están a mi lado, que tratan de tener una conversación, pero se ven distraídos por la melodía de los músicos que hoy nos alegran el día. Todos en el bar estamos muy atentos a su música, deleitados, emocionados, felices. De uno a uno me miran con cara de amabilidad y extrañeza. Es extraño ver a una chica sola, tomando un litro de cerveza de barril oscura. (Un grupo de cuatro entra al bar. Ahora somos cuatro mesas contando la de los músicos) (Me gusta la complicidad de las letras, tienes que detenerte, observar, leer; dejar que cada una de ellas conforme la imagen completa. No son solo mirar y juzgar, tienes que esperar al punto final para poder crear un concepto. No es como mirar a alguien y pensar si es guapo o feo, o tocar algo y saber si es suave o áspero. Tienes que tomarte tu tiempo para dar un veredicto) Volviendo a los músicos, de vuelta en la mesa, un músico de folclor. Sí, así como te lo imaginas, con su sombrero de palma, bigote y piocha. (Estoy tan a gusto…) Cuando entré lo confundí con mi primo Amauri, sangre liviana, voz de cantante de peña, esas que te recuerdan al hogar, a la familia, a tu tierra. El “Pive” esta junto a él, toma su sombrero y lo porta orgulloso. No es parte del conjunto musical, pero viene con ellos y disfruta tanto o más de la música. Se le nota por que aplaude con frenesí el compás de la música. No estoy segura de que sea argentino, pero tiene pinta de sudamericano. (Me detengo un instante para pensar, disfrutar, pero esta vez para mí misma. ¡Me siento muy feliz! ) (Creo que ya estoy borracha, después de casi un litro de cerveza y nada en el estomago, creo que ya me emborraché) El “Pive” se acerca a mi y me dice: “Me dedico a las artes plásticas”. Y me enseña una serie de dibujos por si quiero comprarle alguno. (¡Oh decepción! No es ningún Pive, lo noto en seguida por su acento, o más bien, su falta de él) Todos son muy buenos, me gustan mucho. Estoy indecisa, así que se los pido prestados para pensarlo un rato más mientras escribo. Una canción con tintes melancólicos suena de fondo. El chico que creo conocerme dedica una estrofa, algo tierno, no estoy segura que cosa, ya no recuerdo, me puse nerviosa y se me olvidó. (Aquí no tienen miedo a mirar, me gusta eso, que te miren y no finjan que no lo están haciendo) (Me sudan las manos, sigo sudando por la coquetería que recibí).


Aqui las tarjetas que le compre al "Pive"